Compiladora


 

 

El acto de pensar es una forma de acción"

 

 

ILEANA DIÉGUEZ

Compiladora.

 

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En septiembre de 2014 –pocos días antes de la negra noche que se evoca desde la palabra Ayotzinapa- iniciamos un grupo de trabajo que denominamos Cartografías Críticas. Prácticas in situ. Desde entonces sesionamos como Seminario Permanente de Investigación en el Posgrado en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana, sede Cuajimalpa, en la Ciudad de México.

Quizás uno de los detonadores principales de este Seminario fue el hartazgo ante la retórica de un supuesto pensamiento global. En un sentido totalmente opuesto, buscamos pensar desde nuestros lugares de vida y acción, las prácticas artísticas, políticas, intelectuales, estéticas… Pensar las prácticas desde sus circunstancias de enunciación y producción.

Como ha reflexionado Nelly Richard: “la conflictiva diseminación del conocimiento global elaborado sobre América Latina […] nos exigen repensar más finamente que nunca el valor de cada localización teórica, es decir, la condición de experiencia surgida, para cada uno de nosotros, del acto de pensar la teoría insertos en una determinada localidad geocultural a través de la relación —construida— entre emplazamiento de sujeto y mediación de códigos, entre ubicación de contexto y posición de discurso”.[i]

Ha sido un extenso e intenso recorrido. Comenzamos releyendo, reflexionando, discutiendo textos de la llamada “nueva crítica” y de los teóricos y teóricas que marcan el rumbo del pensamiento crítico y la investigación en torno al arte y la política en América Latina:  Nelly Richard, Ana Longoni, Gerardo Mosquera, Luis Camnitzer, entre otros. Nos hemos enriquecido escuchando –no sólo leyendo- a Ana Longoni, Elsa Blair, Pilar Calveiro, Gabriel Gatti, que desde el arte, la política, la sociología, han dedicado muchas horas y escrituras a pensar los contextos permeados por desapariciones forzadas y violencias.

Cada vez más, las circunstancias y urgencias que condicionan nuestras vidas, lo que nos sucede y le sucede de manera más directa a muchos otros, fue determinando y perfilando el rumbo de nuestras discusiones. Nos interesó más conversar. Quizás menos académicamente, pero seguramente más humanistamente; más perturbados, menos seguros.

Eduardo Grüner, el reconocido sociólogo argentino, ha insistido desde los primeros años de este siglo, en la ineludible necesidad de “mover el pensamiento” en tiempos de crisis. Gracias a la colaboración y a la agencia de Edgar Chávez, a nuestro Seminario llegaron los familiares que buscan a sus seres queridos. No hemos podido procesar cuánto nos removieron las presencias y palabras de María Herrera, Juan Carlos Trujillo, Mario Vergara, Lucía Baca y Alfonso Moreno; cuánto incidieron en nuestros pensamientos. Movilizados por la indignación ante el sistemático asesinato de periodistas en México, buscamos a las periodistas de a pie para escuchar sus relatos, para reflexionar sobre las estrategias poéticas que han desplegado cuando escriben las crónicas dolorosas de nuestro presente. A Marcela Turati y Daniela Rea, les debemos otras formas de conocimiento.  

Nos ha enriquecido el diálogo con activistas, sociólogos, psicoanalistas, antropólogos, filósofos, universitarios en general, colegas y amigos que desde distintas partes de la ciudad, desde otras ciudades y otros países, incluso, han llegado a integrar y hacer crecer nuestro Seminario, movidos por la necesidad de reflexionar la incertidumbre en que estamos sumidos. Pese a tanta perplejidad necesitamos pensar, hablar.

En un principio, nos fascinaba la posibilidad de cartografiar el pensamiento crítico producido desde –y no sobre- América Latina, y reunir en numerosos volúmenes textos que están dispersos en publicaciones locales y que son de difícil acceso. En ese propósito persistimos, aunque ya no estemos seguros de que la forma sea la de una cartografía. Quizás hay que des/cartografiar para imaginar otras formas de visibilizar. Pero algo muy valioso hemos podido vislumbrar. Entre otras cosas, trasladando la idea de Joseph Beuys respecto a la capacidad artística de todo ser humano, estamos convencidos de que el pensamiento crítico es una cualidad de cualquier ser humano. Que los familiares en sus búsquedas han devenido no sólo luchadores sociales, sino también pedagogos. Que las teorías no son modelos -o no nos sirven como tales- sino más bien pueden ser relatos con los cuales pensar e imaginar formas de conocer, quizás tan solo de comenzar a entender.

Los textos que aquí hemos compilado, y que se publican bajo el criterio editorial de Gastón Alzate y Paola Marín, dan cuenta de las diversas prácticas de investigación realizadas por buena parte de los integrantes del Seminario. Junto a ellos, hemos tenido el privilegio de incluir textos de destacados investigadores que han impartido notables conferencias o que han realizado estancias de investigación en nuestro Seminario. Hemos considerado su organización en dos volúmenes. En el primero, titulado Prácticas políticas y poéticas que piensan la pérdida y la desaparición forzada, se han reunido los textos que, desde la sociología, la politología, el arte, la estética y las acciones de la sociedad civil, se proponen reflexionar los procesos representacionales tensionados por la violencia y la pérdida, y en varios casos muy específicamente el estado de emergencia que vivimos en México desde hace más de diez años. Estas reflexiones se articulan a las políticas de una guerra sucia que marcaron a la sociedad mexicana desde los años sesenta y setenta, como a las prácticas de los terrorismos de estado, los conflictos armados y las violencias que han condicionado la vida, el pensamiento y las prácticas socio-estéticas en distintos países del mundo y Latinoamérica. El segundo volumen, Prácticas artísticas. Reflexiones en torno al cuerpo y la memoria, reúne estudios en torno a problemáticas más específicamente artísticas, y pensadas desde miradas filosóficas, literarias, antropológicas o desde algunas de las teorías desarrolladas en los campos del arte. Un sutil contrapunto atraviesa ambos grupos de textos: una especie de flujo que desearía dar cuenta de específicos “abatimientos” y de poéticos “levantamientos”[ii].

Para abrir el primer volumen de este libro, hemos considerado el ensayo de la socióloga colombiana Elsa Blair, que si bien fue escrito y publicado hace más de quince años, sigue planteando reflexiones y preguntas que son urgentes en nuestro presente. Como entonces en Colombia, este texto coloca en el centro de la escena, en el foco de la mirada, la necesidad de pensar el dolor y el sufrimiento generado por las guerras, y cuestiona el papel de las ciencias sociales ante estas problemáticas, a propósito de la pregunta planteada por Carolyn Nordstrom y retomada por Blair: ¿por qué se ha producido una mayor reflexión sobre la guerra, pero poco sobre el sufrimiento humano? Sin duda, la situación no es hoy la misma. Desde que fue escrito este texto hasta hoy se han generado -desde la antropología y la sociología- diversos estudios en torno al sufrimiento producido por los conflictos armados y las violencias. Muy especialmente en Colombia. Pero la pregunta y la reflexión planteadas por Blair siguen siendo pertinentes para movilizarnos respecto a la necesidad de “mover el pensamiento” -como diría Grüner[iii]- ante lo que pone en riesgo la vida, más allá de los recintos académicos. En el año 2006, este texto de Blair incentivó a un grupo de estudiantes de la Universidad de Antioquia, sede Puerto Berrío, a buscar a madres y familiares para realizar un gesto público en memoria de las víctimas. Fue así como se iniciaron en Puerto Berrío las distintas ediciones de lo que ellos nombraron como “La puesta del dolor en la escena pública: hacer visible lo no invisible”[iv]. La importancia de este texto de Elsa Balir, publicado en el 2002 en la Revista de Estudios Políticos, del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, en Medellín, Colombia[v], opera en varios sentidos. Además de incidir directamente en prácticas de memoria de la región, es ineludible señalar la relevancia académica de este texto al reflexionar la necesidad de las narrativas de la memoria como “una vía para poner el dolor en la escena pública” (Blair, Memoria y narrativa, 9), y esto sucedió algunos años antes de que Judith Butler sacara a la luz los textos en los cuales abordó las problemáticas del duelo público[vi]. No apelamos a una jerarquía temporal, sino buscamos reflexionar –y esa ha sido una preocupación crucial en nuestro Seminario- los procesos de circulación de cierto pensamiento que centraliza la mirada, y el desconocimiento que deviene invisibilización respecto al pensamiento generado en espacios excentris o espacios académicos no hegemónicos.

De esto trata, en buena medida, nuestro Seminario. Muy especialmente, de la reflexión en torno a un pensamiento crítico vinculado a las condiciones de producción de las prácticas, incluyendo la práctica de pensamiento. Lo retomo en una frase que con Ana Longoni ha tomado forma para generar otros proyectos: la necesidad de un “pensamiento situado”. Y cuando expresamos que el acto de pensar es una forma de acción, inevitablemente estamos contaminados por las palabras y las prácticas de Oscar Masotta, particularmente cuando planteó la provocadora idea de “la teoría como acción”[vii]: la convicción de que desde el pensamiento se construye una trinchera de lucha que puede alimentar, y a la vez se retroalimenta de las prácticas políticas directas. Me pregunto incluso, si reflexionar, si comprometerse a pensar lo que nos está sucediendo, a pensar la urgencia que devora la vida deseable y poner el cuerpo en la búsqueda de todas las informaciones y experiencias para hacerlo posible, no es también una práctica política directa. Esto es parte de lo que nos ha convocado y nos sigue convocando en Cartografías Críticas, y de ello desearían hablar los textos aquí reunidos.

NOTAS:


[i] Richard, Nelly. “Intersectando Latinoamérica con el latinoamericanismo: Discurso acdémico y crítica cultural”. En: Teorías sin disciplina (latinoamericanismo, poscolonialidad y globalización en debate). Santiago Castro-Gómez y Eduardo Mendieta, editores. México: Miguel Ángel Porrúa, 1998.

[ii] Uso los términos entrecomillados en referencia el estudio de Georges Didi-Huberman en torno a los gestos. Ver “Por los deseos (Fragmentos sobre lo que nos levanta)”. En: Insurrecciones. Catálogo de la exposición. Barcelona: Museo Nacional D’Art de Catalunya; Paris: Jeu de Paume, 2017.

[iii] Grüner, Eduardo. “De las representaciones, los espacios y las identidades en conflicto”. En: Lobeto, Claudio. Prácticas socioestéticas y representaciones en la Argentina de la crisis. Buenos Aires: el autor, 2004, pp. 7-18.

[iv] Debo esta información a Fabio Agudelo durante el viaje de investigación que realicé a Puerto Berrío, Magdalena Medio colombiano, en octubre de 2008. Como integrante de la Organización Social Estudiantil de la Universidad de Antioquia y en conjunto con el Movimiento de Víctimas Ave Fénix, Agudelo fue uno de los organizadores de las “puestas del dolor” en los espacios públicos de Puerto Berrío.

[v] Publicado en este libro con la tramitación de los permisos necesarios, como se expresa en la primera nota que acompaña el texto de Elsa Blair.

[vi] Precarious Life. The Powers of Mourning and Violence (2004) y Frames of War. When is Life Grievable? (2009).

[vii] En referencia a la exposición y a la documentación en ella reunida: Oscar Masotta. La teoría como acción, curada por Ana Longoni y expuesta en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM, Ciudad de México, entre el 27 de abril y el 13 de agosto de 2017. Puede también consultarse el libro que bajo el mismo nombre fue editado por el MUAC y RM (México-Barcelona), 2017.

 

Ediciones KARPA Los Ángeles, CA.

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ISBN 978-1-7320472-0-4