CUENTOS
CORTOS FANTÁSTICOS y FABULOSOS 
SPAN
300 A ~ Fall 2007 ~ Professor Gastón A. Alzate
Compañía
Invisible
Por Norma
Mellín

Fue un
2 de Noviembre de 1975. Era una noche
fría y lluviosa cuando María, de 35
años de edad, tuvo que ir a su oficina que estaba en
el edificio Martin Luther King en Cal State L.A. Eran las doce de la
media noche. Ella
había olvidado algo muy importante y no podía
esperar porque empezaba el fin de semana feriado. A ella le daba mucho
miedo andar sola, especialmente por la noche, pero desafortunadamente a
esa hora no tenía quien la acompañara. Estaba muy
nerviosa. Cuando se bajó del carro,
empezó a mirar alrededor para asegurarse de que todo
estaba bien. En el trayecto del estacionamiento al edificio
empezó a sentir
una sensación muy extraña. De repente
sentía que alguien la seguía; volteaba
constantemente pero no veía a nadie. Sus manos estaban
sudadas. Cuando llegó al
edificio tomó el elevador. El elevador
se
abrió sin necesidad de presionar
ningún botón y fue allí donde
aumentó el pánico al sentir el calor de unos
brazos que la rodeaban para abrazarla. El elevador no avanzó
por unos segundos y la luz se apagó totalmente.
Enseguida,
la luz se encendió de nuevo y llegó al piso a
donde
se dirigía. Caminó apresuradamente y con las
manos todas temblorosas no pudo abrir la puerta porque se
le cayeron las llaves. Finalmente
entró, tomó lo que necesitaba de su oficina y
salió a toda prisa. Rumbo al estacionamiento,
trató de llamar a alguien por teléfono para darse
valor pero el celular no le funcionó. Inmediatamente
después corrió como loca hacia su carro mientras
que la lluvia era cada vez más intensa. Al entrar a su carro
y mirar por el espejo retrovisor miró la imagen de su novio
que le sonreía tiernamente. Él había
fallecido hacía unos meses.

Otra Época
Por Brian
Bennitt

Mi
corazón está latiendo como un tambor. Gotas de
sudor se están formando en mi frente.
“Cálmate, Elisa. Cálmate,” me
digo a mí misma. “Arréglate. No seas
pendeja.” Uso la parte baja de mi blusa rosada para limpiar
mis anteojos y cuando me los pongo, veo por la ventana del
autobús el aviso de la escuela: California State University,
Los Angeles. Ya me arrepiento. Casi no hablo inglés. No
conozco a nadie. Pero, aquí estoy. No le podía
haber
dicho a mi abuelita, con sus ojos llenos de orgullo, que
había cambiado la decisión de ir a Los Angeles
para estudiar matemáticas. Me había felicitado
doscientas veces, recordándome cada vez que ella nunca tuvo
la oportunidad de estudiar ni de salir de su pequeño
pueblito, que era yo bien afortunada de haber crecido en una
época de opciones para mujeres mexicanas. Me
prometió antes de morirse que me
guiaría y protegería como un ángel de
la guarda. De repente, el autobús para y yo me bajo.
Me encuentro sola, acompañada por mis nervios, nada
más. “Abuelita, ¿dónde
estás?” yo murmuro. No me contesta. Oigo solamente
mi corazón agitado, como una bomba contando los segundos
antes de explotar. !La hora! Veo mi reloj y me doy cuenta que he estado
aquí parada por casi quince minutos. ¡Ya va a
empezar mi primera clase! Busco el número del
salón en el papel que tengo en mi mano temblorosa. PS 2544.
¿PS? ¿Qué significa eso? Supongo que
puedo preguntar a uno de los estudiantes que están pasando,
pero mis nervios no me lo permiten. Entro al primer edificio que veo.
Leo
los números en las puertas: B 1542, B 1544, B
1546… Estoy a punto de llorar. De repente siento una mano en
mi hombro. “¿Te podría
ayudar?” me pregunta una voz femenina. Es una mujer con
cabello gris, ojos amables, y una sonrisa agradable. “Pues,
no sé,” le digo. “Estoy buscando el
salón PS 2544.” “No estés
nerviosa,” me dice dulcemente. “Soy la Sra.
Guzman y soy la consejera del departamento de
matemáticas.” “De verdad?” le
pregunto. “De verdad. Ese salón está en
el segundo piso del edificio en frente de este. Sube las escaleras y el
salón estará a la derecha,” me explica.
“Muchas gracias,” le digo con una sonrisa grande.
“Y Elisa,” me avisa, “vas a estar bien.
No te estreses. El estrés hace daño al
corazón.” “Okey,” le digo
mientras me voy corriendo.
Encuentro el salón inmediatamente. Abro la puerta. El
profesor está escribiendo rapidamente en el
pizarrón y hay treinta o cuarenta estudiantes ya sentados en
sus sillas. El profesor vuelve hacia mí y me interroga
“And your name?” Mi mente está en
blanco. Trato de formar las palabras en inglés para
explicarle como me llamo y quien soy. “I…Elisa
Santiago… of Mexico… I’m student
exchange…” “Bienvenida, Elisa. Soy
Profesor López” me dice el maestro.
“¿Pero Ud. habla español?” le
pregunto. “Claro que sí, Elisa. Estás
en Los Angeles,” me informa con una sonrisa.
“Perdóname por llegar tarde pero no
podía encontrar el salón hasta que me
ayudó la
Sra. Guzmán. Ella es muy amable.” La cara del
profesor se congela. “¿Sra.
Guzmán?” “Sí,” le
explico, “ella es la consejera del departamento de
matemáticas.” “Era,” me dice.
“¿Era? Pero, ¿qué quiere
decir?” “La Sra. Guzmán se
murió hace diez años de un ataque al
corazón.”

Halloween en
la escuela
Por Yoridia Fajardo

En la escuela Calstate L.A, hace 4 años, para ser exactos,
en
un 31 de Octubre del 2003 estando en un festejo de "Halloween", la
mayor
parte de estudiantes estaban disfrazados. Todas las aulas, biblioteca
e incluso los baños habían sido decorados por
alumnos y maestros
con mucho entusiasmo. Todos tenían la ilusión de
que llegara la
noche para disfrutar del gran acontecimiento.
Aproximadamente a las 7:00 p.m. estaban comenzando a llegar todos los
invitados con atuendos de vampiro, momias, princesas, osos, apaches,
calabazas y dragones. Unos estaban contentos otros con temor pero
todos gozando de deliciosas bebidas y bocadillos; mientras
bailaban y gritaban ocurrían varios ruidos
extraños que los
participantes no
escuchaba porque se mantenían entretenidos. Al llegar la
media
noche hubo un apagón de
luz donde tuvieron que usar velas para iluminarse. De repente vieron
una sombra blanca que se paseaba de un lado a otro. En ese momento
todos querían desaparecer pero todo parecía
normal, hasta que comenzó un aire fuerte y helado
que incluso abría las ventanas y las puertas. Todos
estaban asustados por aquella rara sensación que
sentían. Estaba apunto de llover, caían rayos
fuertes y alumbrantes que hacían que se estremeciera el
plantel. En la biblioteca el ruido de los estantes de madera vieja se
movían. Los libros a su vez caían a las
mesas y sillas haciendo mucho ruido.
Parecía que se oían gritos, lamentos, llantos de
pavor o
de alegría. Mientras tanto la sombra blanca entraba y
salía entre los alumnos hasta que de repente se escucho un
quejido, fue tan fuerte que todos se quedaron aterrados
por el grito. No hallaban si retirarse o seguir
ahí juntos. Tenían miedo de salir por
aquella sombra que los perseguiría y
podría atraparlos. Conforme pasaban las horas
crecía más el temor y la
desesperación. Depronto en unos minutos hubo un silencio
inesperado. No se veía más la sombra, ni se
escuchaban ruidos raros, todo volvía a su normalidad.
Siguieron bailando, gritando, disfrutando. Dos horas más
tarde se volvió a sentir lo mismo pero con más
intensidad hasta llegar a invadir nuevamente a todos de miedo. Fue tan
fuerte el impacto esta segunda vez que algunos de ellos llegaron a
desvanecerse. Parecía que era algo monstruoso lo que
sucedía
ahí. La desesperación le ganaba a la
tranquilidad.
Aproximándose a la mañana, cuando aclaraba el
cielo y la noche parecía que llegaba a su
término, se dieron cuenta que uno de los
compañeros de los que no habían asistido colocaba
varios aparatos de ficción para hacer más
divertida y placentera la estancia en la fiesta de
“Halloween”. Todos los maestros y alumnos,
comentaron lo sucedido y todo lo que antes había sido
terror, desesperación y angustia había quedado en
risas y recuerdos, aunque no eran muy agradable. Al final,
todos habían tenido una gran fiesta.

¡Una aventura en el garaje!
Por Sandra Walker
Había una vez una familia que vivía en una casa
grande,
la cual había sido construida hacía cien
años.
Esta casa tenía un garaje grande y desordenado donde los
niños de la familia abandonaron una selección de
juguetes, incluso un modelo de "la bruja mala de occidente" y
también muchas cosas para la escuela usadas y rotas de ropa
gastada o que no les gustaban. Tambien máquinas y
aparatos
para los coches o los ordenadores, todos los cuales arreglaba su padre.
¡Era horrible, realmente horripilante para la madre, la
protagonista de este cuento! Una noche la madre se acostó
con
las gallinas porque estaba muy cansada después de un
día
de tratar de poner en orden, sin
éxito,
a su familia desordenada. Un poco más tarde, un
sueño
maravilloso entró en su sueño . . . .
Primero, "la bruja mala de occidente" optó por dar muestras
de
su
talento increíble, más allá de la
normalidad.
Reparó un ordenador roto que tenía en su
mano,
usando los aparatos dejados en el suelo. Había
oído
hablar de que el supermercado de la vecindad no estaba nunca cerrado y
por lo tanto miró las dos bicicletas estacionarias
(¡y muy
costosas!) en el garaje que no estaban en uso. Se puso a repararlos y
mandó á las muñecas al
supermercado para
comprar las herramientas al fin de limpiar de fondo el garaje. Pronto
el garaje se convirtió en un lugar transformado -
¡que
buena visión! Degraciadamente la madre despertó
de
repente. Qué lástima que la
visión, como
por arte de magia (¡y de la bruja!), se había
desaparecido.

¿Segunda
oportunidad?
Por Olivia Aguilar

Miro
mi reloj. Son ya las seis cuarenta y cinco. Tengo más de
cuarenta
minutos esperando el camión desde que salí de la
escuela.
Para mi
fortuna o desfortuna lo veo venir, me levanto y le hago la parada. El
camión se para, subo, pago la cuota y me siento en la
tercera
línea de
asientos. Estoy muy cansada y recuesto mi cabeza sobre la ventana.
Cierro mis ojos por un momento. Siento que el camión va muy
rápido
porque mi cabeza revota mucho sobre la ventana. Así que
prefiero
levantarla y mirar hacia el frente. En ése momento veo al
auto
del
carril de la derecha meterse bruscamente al carril donde iba mi
camión.
Él chofer del camión no alcanza a frenar y se
estrella
contra al auto.
El camión se da varias vueltas antes de parar por completo;
es
terible.
El tráfico del sur de California hace que sea un accidente
inmenso y
trágico. Quedo inconsiete por varios minutos y al despertar
estoy abajo
de una silla. Me duele todo el cuerpo y mi mano izquierda me arde como
si tuviera fuego. La miro y tengo una cortada desde el codo
hasta
la
muñeca. Puedo ver mi hueso. Todo mi cuerpo esta lleno de
sangre.
Intento levantarme pero no puedo. Al fondo escucho los gritos de la
gente y los frenos de los autos que segundos después se
estrellan. La
mayoría de la gente en el camión están
inconsientes o muy mal heridos,
y no pueden ayudarse unos a otros. Yo, apesar del dolor, tengo
mucho
sueño y sólo quiero dormir. Así que
cierro mis
ojos tranquilamente al
ver una luz brillante. Después escucho,
“¡Oye
muchacha, despierta!”
Abro mis ojos y miro un camión en frente de mí, y
al
chofer que me
dice, “¿Te quedas o te vas? ” Me levanto
y camino
hacía el chofer y le
digo, “¿Qué? ¿en
dónde estoy?”
él me contesta un poco molesto,
“¿Qué si
vas o te quedas?; miré que estabas dormida y no quise
dejarte,
así que
te desperte”. Estaba muy confundida, hacia unos minutos me
estaba
muriendo, pensé, “solo fue una
pesadilla” . Le
pregunté, “¿Qué hora
es?”. Él me contesta: “Son las seis
cuarenta y
cinco, y llevo mucho
prisa, ¿qué? ¿te quedas o te subes?
”. En
ése momento me da un dolor
insoportable en mi brazo izquierdo. Me levanto la manga de la blusa y
miro una cortada desde mi codo hasta la muñeca que se iba
cerrando poco
a poco hasta que desapareció por completo.

Este
era uno de esos días
Por Marisol Montano

Este era uno de esos días en que el cansacio inundaba mi
cuerpo
de los pies a la cabeza. La noche anterior me había quedado
en
vela preparándome para un exámen de
antropología.
Después de la clase me dirijí a la biblioteca en
busca de
una pieza literaria de la que eventualmente escribiría un
ensayo
para mi clase de español. Era la primera vez que visitaba la
biblioteca, ví un rótulo que decía
"`California
State University Los Angeles Library." Pedí ayuda al
bibliotecario quien me mandó al tercer piso, al departamento
de lenguages
y literaturas.
Al llegar, observé el lugar con detenimiento.
Caminé hacia el fondo donde estaba una mujer.
- Hola, te estaba esperando.
- ¿Cómo estás?
- ¿Qué clase de libro necesitas?
- Literatura en español. Repliqué,
¿podría ayudarme a buscar esa sección?
- Quizá me ayudes tú.
La mujer era delgada, blanca y con facciones meramente finas.
Parecía enferma. Su cabello era rizado y corto. Toda ella
olía a incienso.
- Esta es la sección de literatura. Encontrarás a
Nervo,
Borjes, Allende, poemas de amor y uno que otro cuento de asesinos.
Le dí las gracias con agrado y la ví alejarse con
su
aroma a melancolía y desamparo. Acto seguido, fui buscar
aquellos libros que estaban a la altura de mis ojos.
Desencajé
del estante una antología que parecía
interesante. Sin
embargo, había uno que atrajo mi atención. Un
libro de
pasta gruesa, color púrpura y apariencia antigua. No
tenía título y eso me intrigó
más.
Llevé los libros a una mesa y sin más
preámbulo
abrí el libro áquel. Me quedé helada
cuando
leí: "A tí que mataste mi espíritu."
Era un diario
con fechas exactas, nombres y demás información.
Aparentemente era una mujer desesperada, abusada física y
emocionalmente. Al final había una carta con fecha de diez
años atrás. " Hoy 18 de Junio de 1997, me
asesinarás, pero ingoras las pruebas que serán tu
desgracia."
Después de leer esto me asusté y le
pedí a uno de
los bibliotearios que me permitiera hablar con la mujer que
olía
a iglesia. Éste me contestó: "En el tercer piso
no
trabaja ninguna mujer."


Delgadillo
Por Paulina Chavira-Armas
Este era uno de esos días en los que no encuentras nada y lo
que
tienes parece que se lo llevara el viento. Aunque muchos lo pensaban,
el siguiente suceso que les relataré pocos lo llegaron a
creer.
El 20 de Septiembre de este año, a las 3:16 de la tarde
comenzaron los rumores de las primeras desapariciones de libros. Nadie
le dió demasiada importancia puesto que al principio del
año escolar este suceso ocurría con frecuencia en
la
biblioteca de la universidad. Pero no fue hasta que la bibliotecaria de
CSULA notara que poco a poco los libros de la sección de
español desaparecían con regularidad, cuando
entonces se
le notificó al Departamento de Español de los
robos que
estaban sucediendo en la escuela.
Una semana después del primer rumor de robo,
sucedió el
segundo. Esta vez habían desaparecido: 2 diccionarios, un
libro
de gramática, 3 cuadernos de composición, 5 de
ejercicios
gramaticales y 4 enciclopedias. Todos escritos en español.
“Esta fue la última gota que derramó mi
vaso”- decía con furia el profesor
Gastón, mientras
nos contaba en clase lo que había sucedido ese
día por la
mañana. También enfatizó que
encontraría al
culpable lo más pronto posible aunque eso fuese lo
último
que hiciera en el trimestre. En ese instante, para agregarle
aún
más al enojo del profesor, el compañero Carlos
Delgadillo
llegaba seis minutos tarde a clase aún sabiendo que el
profesor
no toleraba la tardanza. Es por esto que nosotros justificamos los
gritos que este le puso en el oído a Delgadillo.
Sabíamos
que en ese instante que él había sido el chivo
expiatorio
de la fustración que ya todos sentíamos por las
desapariciones de los libros.
Pero ya calmado el profesor le preguntó lleno de curiosidad
a
Delgadillo el por qué de su tardanza. El
compañero
contestó que lo disculpara pero que últimamente
le
costaba mucho caminar con rapidez puesto que cada vez subía
más de peso. Esto no era algo nuevo para la clase, ya que el
simbrar del piso nos anunciaba cada vez cuando este venía ya
en
camino. El profesor sonrío a la respuesta de Delgadillo y el
resto de la clase reímos. El ambiente comenzaba ya a cambiar
un
poco...
Pero esta tranquilidad no duró mucho tiempo. Tres
días
después del segundo atraco, sucedió el tercero.
Aquella
tarde, cuando llegaba a casa, al querer hacer mi tarea de
composición me dí cuenta de que me
hacía falta mi
libro. Lo busqué desesperada pero sabía que lo
había perdido. Al día siguiente, se
acercó a mi
una compañera de la clase de composición y muy
aflijida
me preguntó si le podía prestar mi libro para
hacer los
ejercicios, ya que había extraviado su libro. Al escuchar
esto,
inmediatamente relacioné mi caso con el de ella y con los de
otros tres compañeros más que
compartían el mismo
problema.
Eran las 12:37 de la mañana y enfurecidos e indignados nos
dirigimos a la oficina del profesor Gastón para informarle
que
había ya sucedidó un tercer robo. “Pues
déjenme decirles que no es el tercero, sino el
cuarto”
contestó el profesor. Nos explicó que muy
temprano por la
mañana en aquel día se habían
extraviado 29
exámenes de composición, 8 diccionarios y 33
ejercicios
de tildes. “Definitivamente este malhechor se encuentra entre
nosotros” expresó una compañera.
“O
quizás se trata de una coincidencia”
contestó otro
compañero. Y así se ensordeció la
oficina en ese
momento por los tantos reclamos y suposiciones. No fue hasta que
llamé la atención de todos para mostrarles como
se movian
los árboles y los cabellos de la gente de afuera, cuando
todos
en la oficina se callaron. De repente fijé mi
atención en
la entrada de la biblioteca y sorprendida por el simbrar del suelo, me
imaginaba que Delgadillo tenía algo que ver con esta
situación. A los cinco segundos de esperar la
aparición
de Delgadillo ví como este corría hacia la
biblioteca con
su enorme panza y su boca manchada de negro. Parecía como si
se
hubiese comido un trozo de carbón.
Y fue así como en aquél día ventoso
del 4 de
Octubre del presente año, a las 12:41 de la tarde, cuando
pocas
personas presenciamos aquél fenómeno gramatical
nunca
antes visto. Por cinco minutos interrumpidos, nuestro
compañero
Delgadillo expulsaba al aire, mirando al cielo: miles de acentos,
diptongos, palabras agudas, graves, esdrújulas, gerundios,
participios, verbos regulares, irregulares y todo tipo de reglas
gramaticales que se había tragado de todos aquellos libros
que
habían desaparecido. Al acabarse la liberante
expulsión
gramatical Delgadillo calló al suelo. Nadie podía
creerlo. Dos horas después el profesor Gastón
decidió escribirle una carta a la Real Academia
Española
explicándole lo traumatizante que pueden ser todas las
reglas
gramaticales para los estudiantes de español de Los
Ángeles.


Mariana la marciana
Por Jackeline Martinez
Mariana era una muchacha muy tímida. Ella trabajaba horas largas
en su trabajo y nunca era apreciada. Ella trabajaba con personas que ni
siquiera sabían que existía. Ella nomás pasaba los
días en el trabajo como siempre, invisible. Mariana se estaba
volviendo ansiosa porque en los tres años que había
trabajado en ese lugar nunca había faltado. Ella nunca
había tomado unos días de descanso y menos unas
vacaciones. Ella sabía si no hacía algo rápido
ella se iba a volver loca. Entonces el siguiente día Mariana
falto al trabajo por primera ves.
Mariana decidió ir a conocer las famosas pirámides de
México. Ella desde chica estaba fascinada con ellas. Siempre
había oído cosas grandiosas de ellas y quería ver
las por si misma. Mariana llegó a la ciudad de México en
la tarde y del momento que salió del aeropuerto consiguió
un taxi y fue hacia rumbos de Teotihuacan. Ella llegó al sitio
de las pirámides a las diez de la noche. Todo estaba cerrado
pero a ella no le importó, se quedó allí por toda
la noche. Esa noche Mariana tenía la intención de dormir
en el estacionamiento y esperar el amanecer para entrar a ver las
pirámides pero no pudo. Había viajado tan lejos y estaba
tan cercas a su meta que ya no se podía esperar. Mariana
decidió en meterse por escondidas al sitio. Ella brinco la pared
y logró entrar sin encender ninguna alarma. Al entrar, Mariana
fue directamente hacia las pirámides. Ella las subió
corriendo. Cuando llegó arriba de la pirámide del Sol
decidió dormirse por un rato. Mientras empezaba a dormir
oyó un ruido raro. Sonaba extraño era un ruido que nunca
en su vida había oído. Entonces abrió los ojos y
miró una luz roja en la distancia. La luz se movía de
lado a lado como si fuera pelota rebotando. Mariana empezó a
preocuparse porque no sabía que estaba pasando. El sonido
extraño se estaba acercando y la luz se estaba aumentando.
Mariana miro que la luz estaba directamente hacia arriba de ella y
quiso correr. Tenía la intención de bajar la
pirámide corriendo pero por alguna razón extraña
no pudo. Ella no se podía mover, se quedó en su lugar
como estatua. Mariana miró a la luz con más calma y
notó que era un platillo volador. Ella nunca había
creído en esas cosas pero no podía explicar lo que estaba
mirando en otra forma. Mariana continúo a mirar hacia el
platillo y después desapareció. Un momento estaba ella
parada arriba de la pirámide y después estaba adentro del
platillo. Mariana miró a gentes extrañas adentro del
platillo, todos estaban vestidos en blanco y hablaban en lenguas
extrañas. Cuando Mariana notó donde estaba se
desmayó. Pasaron unos momentos y luego despertó Mariana.
Ella despertó y estaba en su trabajo en su cubillo. Cuando
miró que estaba allí empezó a llorar porque no
sabía cómo había llegado allí.
Después empezó corriendo y gritando por los cubillos
diciendo que hay venían los marcianos. Ella empezó a
contarles a todos lo que le había pasado y ellos nomás la
miraban como si fuera loca. En ese entonces llegó una amiga del
trabajo y le informo a Mariana que había tenido una pesadilla.
Ella le dijo a Mariana que no había faltado ningún
día y ni siquiera había salido del país. Mariana
la volteó a ver y se puso roja. Ella estaba tan avergonzada que
mejor se fue a casa y tomo unos días de descansó.