R Bharucha - Terror y performance - Prefacio a esta edición

 

Prefacio a esta edicióN

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Rustom Bharucha es una de las voces más importantes en los debates del poscolonialismo contemporáneo. Ya en una de sus primeras aportaciones - Theatre and the World. Performance and the Politics of Culture, publicada en 1990- Bharucha hacía un llamado a desarrollar una crítica de los estudios interculturales realmente equitativa, en la que modelos analíticos dominantes en los discursos académicos de Europa y los Estados Unidos eran confrontados y retados a reconocer sus limitaciones éticas y epistemológicas. Bharucha reconoció muy temprano que la globalización -pese a sus aspiraciones inclusivas- era una fuerza que en el fondo recolonizaba el mapa mundial imponiendo ciertos parámetros lingüísticos (como el inglés) y hermenéuticos (como las metodologías comparativas en las que Asia, África y Latinoamérica eran todavía vistas, en cuño hegeliano, como pura Otredad funcional). ¿Quién tiene el derecho a decretar que una cultura es la otra, la que ha de ser siempre descrita como alteridad o contraste? En ese libro, Bharucha exigía que se tomaran en cuenta no sólo las diferencias interculturales entre múltiples nacionalidades, sino también la complejidad intracultural de cada país en sí. Más adelante, en The Politics of Cultural Practice. Thinking Through Theatre in an Age of Globalization (2000), Bharucha desmantelaba las premisas del cosmopolitismo, aduciendo que las identidades nacionales son demarcaciones que no pueden ser translocalizadas sin sufrir y crear profundas alteraciones. Bharucha también reclamaba en ese texto que las resistencias a la globalización neoliberal eran con demasiada frecuencia ignoradas en los diálogos interculturales. En el multiculturalismo, por ejemplo, la aquiescencia (el ajuste a la nueva cultura, la asimilación exitosa) recibía más atención que la disidencia o aquellos casos en que las asimetrías económicas sancionaban drásticas injusticias sociales y sexuales. En un libro más reciente - Another Asia. Rabindranath Tagore and Okakura Tenshin, de 2006-, Bharucha escribe un nuevo tipo de historia afectiva en la que las relaciones personales entre las dos magnas figuras del título se convierten en una exploración de los placeres y las dificultades de los intercambios interculturales. Este libro redefine la historia de las ideas a través de un acercamiento que toma en cuenta, con delicadeza y precisión, las intersecciones entre lo íntimo y lo público que marcan las vidas de Tagore y Tenshin tanto en sus contactos mutuos como en sus intervenciones con los mundos asiáticos y occidentales que los generaron y recibieron. 

Bharucha combina su conocimiento de primera mano de las prácticas teatrales en varios continentes con una aguda percepción de las tensiones culturales que han emergido con la globalización y sus consecuencias estéticas, políticas, e ideológicas. Bharucha aporta un arte de contra-mirada, un ver desde la diferencia propia y ajena que se niega a ser objeto de los demás a menos que éstos estén dispuestos a reconocer plenamente que el Otro es siempre un sujeto activo y cabal. Bharucha es, intencionalmente, un pensador-activista, y por esta misma razón, su obra es indispensable. Nunca habla desde afuera o desde adentro, sino desde el devenir mismo de los temas que escoge, temas en los que ha participado en sus roles convergentes de artista e intelectual. Su prosa directa, irónica y apasionada nos obliga constantemente a recapacitar, apreciar, protestar, oponer, asentir- a pensar una vez más los procesos que dábamos por sentados.

El libro que se presenta aquí no es una excepción, y no deja de sorprender que sea la primera traducción al castellano de una obra suya. Terror y performance ofrece una visión globalizada que traumatiza esa misma globalización. El problema que enlaza todos los capítulos del libro es una de las disyuntivas centrales provocada por la defensa de los derechos humanos en nuestros días. Al amparar la defensa de los derechos humanos en una campaña política que exige un marco transnacional para su legitimidad, se borran, quizá con buenas intenciones, las singularidades históricas, religiosas y de género que marcan las identidades de cada individuo en sus respectivas comunidades. Esta visión genérica del derecho protege en abstracto diferencias que sólo pueden entenderse en su más radical especificidad. La cuestión no es evadir particularidades sino encontrar un modelo de convivencia que respete esas particularidades (lo cual no implica, claro está, que esas particularidades no reciban también un tratamiento crítico cuando sea necesario).  A partir de este conflicto entre diversidad y globalización, Bharucha se cuestiona múltiples coyunturas: la tendencia a confundir el terrorismo con lo islámico, la justificación de la violencia como una expresión performativa, el uso de las reconciliaciones como un sustituto para la justicia, o la frecuencia con que se reducen ciertos gestos políticos a una función simbólica, olvidando la enorme cantidad de labores y organizaciones que los sustentan. En última instancia, Bharucha nos recuerda que la existencia de una esfera pública (en la acepción dada a este término por Habermas) es siempre un asunto controversial y polémico, y que el tema de nuestro tiempo - si se me permite un préstamo orteguiano- es precisamente el reto de encontrar un sistema de valores en el que las diferencias sean tan o más importantes que las semejanzas.

Leo Cabranes-Grant

Universidad de California, Santa Bárbara

 

Terror y performancE       -      Rustom bharuch       -     Traducción de Paola MaríN